miércoles, 8 de julio de 2015

¿TEMAS TABÚ O DE SANACION PARA EL COACHING?

EL ABUSO SEXUAL Y LA VIOLENCIA
CAP I

Hay temas que a los coaches nos toca ver mas recurrentemente y que necesitamos prepararnos para tenerlas, sostenerlas y aportar, tanto para nosotros mismos como coaches, como para acompañar a nuestros coachees. Unos de esos temas son la violencia y el abuso infantil. Hasta el momento han sido temáticas abordadas por el área de la salud, la psicología y psiquiatría.  Hoy nos toca a los coaches acompañar en este dominio, y creo que tenemos mucho que aportar desde el espacio conversacional, emocional, como experiencial, para lograr una sanación.

Este tema no llega directamente como espacio a trabajar en la mayoría de los casos. Aparecen a menudo en la indagación de otros temas, algunos asociados a la victimización. Otros a la tristeza profunda,  a la rabia incontrolable,  al miedo hecho cuerpo y/o también como victimarios/as. En ocasiones se manifiesta con una complacencia y/o la ausencia de limites, en otros dominios de su vida. En otros con distanciamiento con el género de quienes han sido los victimarios/as . En lo femenino, lo mas a la mano es el servilismo y en lo masculino a través de la rabia y la violencia. También en quedarse en su ser niño/a, y no aventurándose a la adultez, como lo mas recurrente.

Qué podemos hacer los coaches cuando aparece?
 Primero atrevernos a preguntar, cuando sospechamos que ha habido abuso en algún momento de su vida. Solo el hecho de reconocerlo, de nombrarlo, es un primer paso de avance.
En segundo lugar,  tener el cuerpo para acompañar a nuestro coachee en este espacio, que no sabemos a priori adonde vamos a llegar.
Lo que si necesitamos claridad es que estar dispuesto a acompañarlo/la, y aceptarlo/la como todo lo que el/ella trae. Requiere de nuestra compasión y capacidad de sostener la situación, y al coachee por un rato.

Relataré una experiencia de coaching para ir mirando el fenómeno.

Mujer adulta, alta,  robusta, muy latina de razgos,  Me tocaba verla a menudo en unas oficinas que arrendaba.  Cada vez que me la cruzaba, su tristeza no la hacía pasar desapercibida a mis ojos. 
Llego a conversar conmigo, derivada por una persona conocida en común.
En aquella ocasión, ocurrió un día muy frio, mas frío que lo acostumbrado para la estación, motivo por el cual, tuve que calefaccionar el lugar desde la mañana, asi como usar mas luz que lo habitual.
El contraste de temperaturas, el afuera y el adentro, la iluminación artificial cálida generaron un efecto uterino, que llamaba a quedarse y dejarse cuidar.
Desde el comienzo de la sesión, tuve la intuición que algo iba a pasar, no sabía que! Intuía un nacimiento, algo que se iluminaría.

Comenzamos conociéndonos, riéndonos a ratos, y esa luz de tristeza en esos ojos negros estaba presentes, inamovible.

Al rato, le pregunto:
-       Que la trae por aquí?
Ella acusa recibo de nuestros múltiples encuentros casuales en los pasillos, y me dice que algo le decía y anticipaba este encuentro.
            Trae un tema laboral. Comenzamos a explorarlo.
Rondaba en torno a la relación con su jefe y cómo el no entendía que ella estaba dispuesta a dar todo su conocimiento, pero que también necesitaba recibir. Cuando pedía ayuda, no se la daba.
Por ahí entramos!... exploramos sus jefaturas, la relación con ellos y ellas, que no eran las mismas. Tocamos el dar y recibir, que estaba muy desequilibrado… Y llegamos a hablar de la autoridad y el Poder.  Y no era cualquier poder y autoridad, era la masculina.
Comenta: - “Esta semana me he tenido que quedar hasta las 11 de la noche trabajando, me he sentido violentada”.
Algo se prendió en mi, y en ella seguramente, pues hicimos una conexión con esa última palabra… y le propuse quedarnos en esto último que estaba reportando.
-       Dejemos por un rato el trabajo, y tomemos esta sensación que estás trayendo, de “sentirte violentada” ¿Te parece?
Ella accede con una expresión que en ese momento no pude decifrar.
-       ¿Cuándo te has sentido violentada en tu vida?
No pudo sostener la pregunta mirándome. Bajo la mirada, se encogió, como una niña protegiéndose de la lluvia, y explotó en lágrimas.
La dejé un ratito ahí, le alcance un papel y limpió sus ojos enegrecidos por el maquillaje. y le propongo que le ponga palabras a sus lágrimas.
Me dice que es algo que ya no puede aguantar mas!. Que está saliendo todos los días, y que es como un vaso que se rebalsa y que necesita vaciarlo.
-    Y no se como hacerlo!. No tengo palabras. No he hablado nunca de eso.
Le propongo que le pongamos nombre a “eso”, lo “innombrable”
 -…. No le salió de su boca.
-       Se llama abuso?
-       Si, me dice… y aun no lo podía decir.
Y estaba bien!
-       Abuso de pequeña?
-        …Asintió.
No entramos más allá en la situación del abuso. Eso ya era suficiente.
Era un paso enorme, el poder comenzar a hablar de él y poder reconocer que le había pasado.
-       Y le pregunto… ¿Qué te pasa al contar y sacarlo afuera?
-       Un tremendo alivio, y también me da mucha vergüenza!
-       Vergüenza por qué?
-       Por que siempre me he sentido oscura, sucia, y también frente a ti…de qué vas a pensar de mi!
Me conecté con una tremenda ternura de ver esa mujer grande  conectándose con su vulnerabilidad.

Desde mi experiencia, he visto tanto a mujeres y hombres abusados de niños/as, que sienten que no solo les hicieron algo a ellos, sino que también verse con  alguna responsabilidad, dado que a veces lo anhelaban, accedían, o tenían placer. Y aparece la vergüenza y la culpa. No solo sienten que transgreden estándares sociales, sino que también estándares propios.  Lo que no están viendo es el abuso de poder de un adulto frente a un niño, que no tiene poder de discernir ni optar. Y si le agregamos, que en la mayoría de los casos es alguien muy cercano, a quienes ellos/as quieren y confían, el tema se hace mas complejo aún.

La abracé como una madre abraza a su hija, y le di la bienvenida a esta nueva etapa. Y también a lo que viene. Lo único que le prometí es que yo estaba dispuesta a acompañarla en este camino.
Esta etapa nueva que es como cuando estamos embarazados. Este parir fue después de 43 años. Muy largo!, por lo tanto no hay mucho repertorio, ni manual para caminar después de tanta recriminación.
Terminamos esa sesión con mucha conexión, compenetración.

Segunda sesión
Venía vestida de negro como a menudo la veía, pero traía atado a su cuello un pañuelo de seda multicolor, que seguramente lo tenia guardado de algún regalo de cumpleaños, que nunca iba a ser abierto.
Algo nuevo se estaba gestando.
Recién estábamos comenzando. Es como una piel que se comienza a cambiar.

- Cómo estas? Fue mi primera pregunta. Fue como sacarle el freno de mano, para que se explayara.
- ¿Y como te has sentido?
Era un coctail de emociones. La tristeza fue la primera que salió. Y había estada presente durante toda la semana.  Comenzó a salir la rabia.  Aparecieron conversaciones no tenidas, pedidos de ayuda no realizados a su madre. La vergüenza y la culpa estuvieron haciendo su propia alquimia. 
            Le dimos la bienvenida a todas ellas.
- Serán tus compañeras por un rato, así es que mejor conocerlas que desconocerlas… no te parece?
La pregunta recurrente fue…
¿Y ahora que voy a hacer con todo esto?
Le aparecía su hija, sus relaciones pasadas, actuales, futuras.
Era importante acompañarla un rato desde el silencio, escucharla desde ahí, sin juicios. Estuve desde mi mas profunda legitimación por lo que estaba sintiendo.
Algo le estaba diciendo esto de conectarse con su hijita, que tenía mas o menos la misma edad que ella cuando comenzó el abuso.

La invité a conectarse con esa niña… con su niña… de 5.
Le pregunté ¿quieres que la traigamos aquí para conversar con ella?
Sentí que ya podía mirarla de frente. Y así fue!
Cerró los ojos y le pedí que la trajera a su pensamiento.
-       Ve como esta vestida, peinada, su carita. Salúdala!
-       Dile como te decían de chiquita.
-     Qué te gustaría decirle desde tu ser hoy grande a tu chiquita.
-       Hola mi querida Pepi… uy que tiempo que no te veía.
-       Estas linda…, agrega! Comienza a llorar!
-       Te quiero pedir disculpas… porque no te he tratado muy bien!.
-       Te miro y veo una niña indefensa!!
Y ahí se queda un rato… llorando con ella.
Yo intervengo y le pido:
- Dile que no tiene la culpa de lo que le pasó! Que es una niña!, Aunque lo hubieras deseado o gozado! Eras una niña. Y esa persona que tu querías abusó de su poder de adulto!
Ella fue poniendo en sus palabras lo que yo le iba diciendo. No dejaba de llorar.
Qué mas quisieras decirle?
-       Te quiero con todo mi corazón.
-       Y te pido perdón!
Algo se detuvo de mi  y en ella, a propósito de su anhelo de sanar con ella.
            - Qué tal que perdonemos a la niña y también a la adulta?
Hicimos ahí una conexión del pasado con el presente.
-       Te perdono, me perdono.
Se hizo un largo silencio y lo sostuvimos en complicidad.
Algo mas te gustaría decirle hoy a esa niña de 5?
-       No, está bien por ahora!
-       Bien despídete por ahora, entonces!
-       Gracias por venir y verte tu carita despejada, juguetona, me ha dado fuerza para seguir mi camino…. Y agregó algo mas…
Abrió sus ojos, y respiramos a la niña…juntas.
            -     Cómo estás?
            -     Conmovida!
-       ¿Que está pasando?
-       Estoy conectando con esa niña dolida!
-       ¡Será que estás sanando con esa herida?
-       Y aun duele!
-       Como todo herida, que cuando le sacamos el vendaje, y queda expuesta, está sensible, adolorida.
-       Qué tienes ganas de hacer ahora?
-       Primero que me abraces.
Lo hago y nos volvimos a quedar un rato ahí.
-       Y estoy muy cansada.
-       Qué tal que te hagas un poco de cariño?
-       Si, lo que quiero es arroparme y dormir.
Y ese fue el cierre de esa segunda sesión.

Pasa una corta semana, pues había un feriado entremedio, y probablemente muy larga para ella.  Antes de irme de fin de semana, le escribo, preguntándole cómo está? Agradece mi mail, y me dice que “procesando”, y tranquila. 

Tercera sesión:
Ya su vestimenta había cambiado. El colorido era otro, y además venía con una falda ajustada y con tacones medianos. Lo que mas me llamó la atención fue su pelo. Lo llevaba suelto. Negro, muy brillante. No era de gran longitud, mas se lucía. Algo estaba apareciendo en ella, que había estado opacado por tantos años de encierro.

Le pregunto a modo de broma:
-       Quien vino hoy? - Me sorprendió con su respuesta.
-       Hoy viene la mujer, que comienza a ver el sol!
No voy a detallar la sesión que tuvimos en ese momento.  Lo que si puedo decir es que comenzamos a trabajar su poder, sus limites, sus miedos a la energía masculina, a mirar su femenino, a potenciarlo de a poco y por sobre todo a su mujer adulta.  
Seguimos encontrándonos por algunas sesiones mas.
Y en ocasiones volvimos a hablar con la niña. Ya eran diálogos diferentes. Para conectarse con el juego, con la flexibilidad. Y a ratos para volver a sanarla.

La pregunta que me surge es ¿qué hacemos los coaches en situaciones como esta? Será que podemos transformarnos en enfermeras que sanamos heridas?
Si creo que es un proceso largo. Que probablemente requiere muchas veces de volver a la niña, cuando esta se va a la tristeza. Bienvenida ella, pues la tristeza aparece cuando hay algo que hemos perdido y nos importa. Lo relevante aquí es tener la fuerza para no ahogarnos en ese mar, sino mas bien tener recursos para remar y llegar a costa.

Se estarán preguntando… ¿y qué pasó con su jefe? Ese fue parte importante de las sesiones posteriores. Ver sus miedos, que probablemente la acompañarán por mucho tiempo, mas vio que el tema de era mas de ella que del propio.  El tema no era cambiar de jefe o de trabajo, sino mas bien, acoger su miedo, para que le ayudara a moverse y no a paralizarse. A invitar al coraje (actuar en presencia del miedo), para atreverse a ponerle límites, a dar los primeros pasos en mirar a los hombres a quienes ella les da autoridad a los ojos.

Agradezco a Pepa (le he cambiado el nombre, por motivos obvios), por su coraje y valentía. Por su luz y su sombra. Por permitirme acompañarla y que ambas creciéramos en este devenir de la vida.

Este es un primer capítulo, de temas que guardamos como secretos, que por secretos hablan a viva voz durante toda la vida. El compartir mis experiencias, pueda ser de utilidad a otros profesionales, especialmente a los coaches, que por ser una disciplina emergente sus limites están aun definiéndose.

Ana María Torres




           
           

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