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lunes, 11 de junio de 2012

Manifiesto de Otoño

Cristián Warnken, 10 de Mayo de 2012
Le pido a una vecina que, por favor, no barra las hojas de otoño que se han acumulado estos días en nuestra vereda común. Me mira extrañada. Sonríe. Comprendo que sea difícil entender a un vecino que defienda el derecho de las hojas de los liquidámbares y los “ginkgo biloba” a permanecer ahí, para ser contempladas, para ser pisadas (algunas crujen), para jugar con ellas. Las hojas del otoño en nuestra ciudad desafían nuestros intentos de tener todo bajo control. Innumerables hojas amarillas, rojas, castaño, caen y caen sin tregua, como diciéndonos: “Todo cae, pero caer es hermoso. Eres también una hoja de tu propio otoño, batida por el viento, déjate caer”.


Somos pasajeros. Destellos en la noche. Pensamos que aceptar eso con resignación significa asumir una humillante derrota, la derrota ante la finitud y la muerte. Pero el mismo otoño —gran maestro de las estaciones— se encarga de enseñarnos que envejecer y declinar es bello. El otoño no se hace implantes ni liposucciones a sí mismo. No busca prolongar artificialmente la primavera, esplende con el máximo de intensidad en el momento mismo de eclipsarse, igual que las estrellas que, cuando colapsan, estallan en un espectáculo pirotécnico de adiós. El cielo se ha encargado de hacer del ocaso una fiesta y no un funeral. ¡No barramos las hojas de este otoño, dejémoslas el máximo tiempo posible acompañarnos en nuestro fugaz paso por esta tierra! Si los niños no pisan las hojas de otoño desde temprano, ¿qué tipo de adultos serán mañana? La mayor parte de nuestras neurosis, frustraciones, rabias y falta de sabiduría para vivir nacen de que nadie nos ha enseñado a envejecer y a morir. Salvo el otoño.

Pero para mirar y aprender de las alfombras de hojas, hay que tener tiempo. ¿Y quién tiene hoy tiempo? No tenemos ni tiempo para detenernos para entender que nosotros mismos somos el mismo tiempo que se nos va. En estos días vertiginosos, en que malgastamos la poca vida que nos fue dada en tacos interminables, en correr de asunto en asunto, de “evento” en “evento” como sombras, y en que hemos dejado de vivenciar la vida como el mayor acontecimiento de todos, es bueno arrimarse a un árbol de otoño. Permanecer junto a él lo más que podamos y decir como Fausto, embelesado y redimido ante Helena: “El espíritu no mira ni hacia delante ni hacia atrás. Tan sólo el presente es nuestra felicidad”. Es interesante que el arquetipo del nihilista, el Fausto que no sabe gozar del presente —salvo en este diálogo con Helena y en la escena final de la obra— y es devorado por sus deseos insaciables y el futuro, encarne por un momento lo que el mismo Goethe llamó “la salud del momento”.
Mientras miro embelesado caer las hojas de los árboles de este otoño, compadezco a los que veo correr desaforadamente tras un éxito ilusorio y vano. ¿Qué Presidente de la República, político, empresario o estrella de rock tiene tiempo para perder deambulando entre las hojas, con amigos y no con asesores o guardias personales? ¿Cuántos de nosotros mismos no estamos secuestrados por nuestros propios éxitos?

Pregúntate dónde está “tu” otoño, cuántas hojas contaste en la vereda de tu calle, y serás mejor gobernante, mejor empresario, mejor artista, mejor hombre. No es en las encuestas, en los “focus groups”, en los indicadores económicos, en los gráficos de fastidiosos y monótonos “power-points” donde están las respuestas. La respuesta, como dijo Bob Dylan —que está cantando mejor que nunca a sus 70 años—, “está temblando en el viento”. No es cierto que para ser un mejor país necesitamos sólo más “emprendedores”—como se repite tanto hoy—. Lo que el mundo necesita hoy con urgencia son más contemplativos, más sabios, más habitantes del instante, más guardianes del otoño. Por eso, querida vecina, no barra esas hojas, que no son hojas sino espejos, letras de un alfabeto inmemorial que de nuevo debemos aprender a leer, para volver a ser.

(Fuente)

Sentido de escribir... sentido de vida!


Llevo algunos años gozando con la activación de la pluma. Creo que responde a una necesidad además de expresión a mi necesidad de compartir lo que pienso, aprendo, sintetizo. Cada vez que veo, asisto, me llega a mis manos algo que considero poderoso  lo junto con mi experiencia, y me cosquillea “la tecla”, para escribir y socializar lo vivido.

En este devenir de la escritura, he pasado por  escribir artículos en revistas femeninas, en diarios de distribución masiva,  guías prácticas de temas varios, hasta papers y artículos para el aprendizaje del coaching.
Lo que los une son mis ganas de compartir mis aprendizajes, y que nada quede solo en mi memoria, pues allí vive y allí muere!

Este está siendo uno de mis espacios donde despliego todos mis escritos en los últimos años. Los mas personales y también los más técnicos. Este año  ha tenido poco alimento, y no es por la falta de  tinta… he estado en un nuevo proyecto personal: ESCRIBIR UN LIBRO!
Decirlo tan públicamente me abruma su poco. Tengo una mezla de varias emociones. Pasión, alegría, ambición, miedo, coraje…  Y me han estado visitando varios de mis monstruos: la crítica, la inconstante, la superficial, a insuficiente… Las invito a tomar el té, claro que no voy sola… también vienen,  la divertida, la juguetona, la poderosa y la seductora. Hemos hecho unas fiestas muy entretenidas!.

Decirlo públicamente también me compromete, conmigo y con los que leen este espacio. Lo he hecho con mis alumnos, mi familia, y también con mis colegas para envalentonarme. Es un libro sobre Experiencias de Coaching. No tiene mas pretensión de poner en el papel mis 10 años como coach, también como coach de coaches. Y mis 25 años de práctica de la Ontología del Lenguaje. 

Por el momento seguiré subiendo artículos de la práctica del coaching,  que son apuntes que comparto con mis alumnos de profundización en coaching, artículos de otros "plumistas" y otras locurillas!

martes, 17 de enero de 2012

EL PODER DE UNA HISTORIA


Liliana Bernal Pardo

Santiago, 30 de octubre de 2004.


Hace un rato estábamos escuchando un programa de televisión y contaban la historia de un fanático de fútbol argentino que para la final del mundial de futbol del 78 cambio su carnicería por dos entradas al estadio.

Y al principio pensé que era un loco, que los sueños de toda su vida fueron cambiados por un impulso, por una banalidad, por un sueño...

Y más tarde pensé...¡¡que historia!! para contarle a los nietos.


¿Cuáles son mis historias para contarle a mis nietos? ¿Cómo construyo mi vida de manera que contarla me llene y los llene de regocijo, de orgullo, de atrevimiento, de coraje? Me pregunté “a que me atrevo?” para ser sincera, al principio, no llegaba nada a mi memoria y de repente...

Me acuerdo el día que crucé por amor las tres cordilleras para llegar a Chile, la vez que me fui a un viaje con lo que tenía en el bolsillo, la vez que crucé océanos, la vez que pedí una semana para que me vieran y ahí si decidieran, la vez que hablé siete horas con un amigo en hebreo (y yo lo único que sé decir es “shalom”), la vez que me devolví sola después de una noche de amor frustrado, la vez que las balas sonaban encima de mi cabeza entre gallinas y olor a barro, la vez que aprendí a montar en bicicleta, mi primera caída de un árbol y la primera caída de la bicicleta, la vez que contra todo pronóstico me mejoré, la vez que tomé un sendero que me transformó, las veces que confío en mis amigos, la vez que me arrodillé ante las divinidades, todas las veces que cuento cuentos, todas las veces que elijo, todas las veces que decido compartir mi vida, todas las veces que sirvo a alguien.


Me imagino que al terminar el partido, con el fulgor de haber ganado 3 a 1 a Holanda y haber sido testigo de la primera vez que Argentina se convertía en campeón Mundial, este hombre volvió a ver su carnicería con un dejo de nostalgia y orgullo. No me lo imagino pensando “la cagué”, me lo imagino en la emotividad hasta las lágrimas de haber sido capaz y, tan valiente, de cambiar lo terreno por un sueño, de cambiar lo concreto por lo invaluable y eso, definitivamente es un gol.


sábado, 7 de enero de 2012

Cuidado con Chile

Cristián Warnken
Jueves 05 de Enero de 2012



Cristián-Warnken.jpg

¿Qué pasaría si la Catedral de Notre Dame de París se quemara y se descubriera que el origen del incendio es producto de la negligencia de un turista extranjero que prendió fuego al interior de ella? ¿Qué ocurriría si por un descuido de un turista chileno se incendiara una sinagoga milenaria en Jerusalén o una mezquita en La Meca? El que miles de hectáreas de las Torres del Paine estén ardiendo es tan grave para Chile como lo serían para franceses, judíos e islámicos las imaginarias destrucciones que acabo de enumerar. Porque los templos de Chile son nuestras cumbres, nuestros bosques, porque nuestro tesoro espiritual y sagrado es nuestra geografía y paisaje. Por eso Neruda en su poema "Entrada a la Madera", cuando se sumerge en el bosque austral, afirma: "en tu catedral dura me arrodillo/ golpeándome los labios con un ángel". Hay turistas que, en estas lejanías, se arrodillan sólo para hacer sus necesidades o quemar papel confort y hacer arder miles, millones de años de historia y prehistoria.

¿Pero merecemos que las Torres del Paine sean nuestras? Quien ha recibido un regalo tan inconmensurable y puro como éste debe cuidarlo. Cuidarlo no significa sólo tener un puñado de guardaparques o levantar hoteles cinco estrellas bajo un cielo de millones de estrellas en noches y amaneceres únicos en el mundo. Hay que primero amar y luego conocer el Ser de lo que se cuida, para merecer "domesticarlo": el verbo fue acuñado por el autor de "El Principito", Antoine de Saint Exupéry, quien sobrevoló como piloto aeropostal y se deslumbró con esta Patagonia hoy afrentada. El valor de las Torres del Paine tiene que ver con la dimensión estética y metafísica de nuestro territorio. Y será un valor cada vez más escaso y apreciado en el mundo. Me gustaría que nuestros propios reservistas, nuestros jóvenes fueran enviados a la Patagonia a conocerla y habitarla, antes que miles de reservistas de un país lejano que acampan en lugares prohibidos, infringen y desobedecen toda norma y prenden fogatas con ramas de hojas perennes. Dudo que hagan lo mismo en su propio país.

¿Pero no somos nosotros mismos los peores turistas de lo propio? ¿No basureamos acaso nuestro litoral? ¿No hemos convertido a Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad, en una postal pintada a la rápida "con una mano de gato" de colores chillones, sin un mínimo sentido de nuestra propia estética e historia? En Santiago disminuyen las áreas verdes y aumenta el cemento, convirtiendo a nuestra ciudad en una caldera en el verano. Se alzan torres babélicas y se derriban árboles. Se privatizan las dunas de Concón y una "mano negra" redujo las 45 hectáreas del Santuario de la Naturaleza a 12. La avidez inmobiliaria no tiene límites, pero sí mucho lobby .

Hay pocos países del mundo que junten tanta belleza con tanta inconsciencia y negligencia como éste. Dicen que O'Higgins, antes de morir, la última palabra que pronunció fue "Magallanes". Tenía plena conciencia de la frágil soberanía sobre esas tierras australes, sobre ese paraíso. Dudo que la última palabra antes de morir de los miembros de nuestra clase dirigente sea el nombre propio de algún rincón de Chile. Ellos están pensando en votos, y en la Patagonia hay pocos habitantes por metro cuadrado. El Puro Chile se ha convertido en pura desidia, en puras declaraciones y en pura usura, y basura. Ahora la basura ardió. Nos fueron dados bosques centenarios de lenga y ñirre, hoy convertidos en ceniza, y el huemul, nuestro ciervo nativo, querrá con toda razón salirse del escudo nacional. ¿Conocen nuestros estudiantes el nombre propio de los árboles del sur, o de alguna de las más de 125 especies de aves patagónicas? ¿Saben quién es el zorro gris o qué es el calafate, una de las especies nativas más dañadas con este incendio? Tarea urgente para el nuevo ministro de Educación: que a las nuevas generaciones se les enseñe a amar y a conocer la geopoética de este territorio sagrado hoy en llamas.

Me gustaría que nuestros jóvenes fueran enviados a la Patagonia a conocerla y habitarla, antes que miles de otros de un país lejano que acampan en lugares prohibidos, infringen y desobedecen toda norma y prenden fogatas con ramas de hojas perennes.


Gracias Cristián por este artículo, que lo hago mío y me sumo a todas las voces para gritar por lo que es nuestro!!!

EL PRESENTE…. UN PRESENTE!!!


EL PRESENTE…. UN PRESENTE!!!

Han pasado prácticamente 5 meses de la ultima vez que escribí. Ya un nuevo año… el año del Dragón que comienza a calentar con su aliento… y manteniéndolo a raya para que no queme.

En gratitud por el año que ya se fue. D

Nació mi nieta Mila el 10 de Diciembre. Sagitario. Un presente que vino en papel de regalo!! Y que me hace estar en el aquí y el ahora, cada vez que la tengo en mis brazos!!

El cumpleaños de los 94 años de mi madre, que aunque ya un poco agotada de vivir, está sana y vigente. Cada momento con ella, es como si fuera el último. No se hasta cuando la tendré y atesoro cada minuto.

La llegada de mi hijo Andrés con toda su familia a establecerse en Chile, después de 7 años en Boston. Tener a Martín y la Sofi, a la mano, y comenzar a construir vínculos mas permanentes. Aprendiendo a ser abuela del siglo XXI, todo un desafío.

Las conversas con mi hijo Alejandro, que nos han nutrido la relación, y también la convicción de que no hay edad para seguir alimentando la maternidad, desde un lugar maduro.

Apareció la pasión y el amor de pareja. Que al igual que a los 15, las maripositas comenzaron a revolotear por mi estómago. Un amor adulto, sin expectativas, de mucha risa y pasión. Mirando mis “y porque no mas”… y aprendiendo a soltar. Me he sorprendido de la paz que eso me ha traído.

El teatro, un sueño anhelado desde adolescente. Un atrevimiento de mucho disfrute o gozo de desplegar personajes que aparentemente no son míos. La locura y la cordura, la improvisación y la creatividad a flor de piel.

Un broche de oro de cierre en Colombia. 12 brillantes que acompañé en sus procesos y en su formación como coaches…y que sacaron lo mejor de mi. La irreverencia con amor, la formadora, la comprometida, y también la que elige.

La que se escucha y escucha. Coincidió la certificación, con los últimos días de embarazo de mi hija Pamela. Decidí quedarme, y estar a distancia.

Así terminé el año, y siento que es lo que va marcando mi inicio de año. El elegir, que conlleva límites. Decir NO… y decir SI con mas claridad.

El 2012 no ha estado åexento de fuegos que casi queman, si no los veo y escucho.

Dije SI a la Dirección de un Programa de Profundización de Coaching, por lo tanto constituirme en parte de Newfield “puertas adentro”. Todo un desafío a esta alma libertaria. Eso me implica, desde el espacio del escritorio donde quiero estar, las conversas en que participo, los equipos que formar. Ser parte de un equipo mas ampliado…sin perder mi espontaneidad y la loquilla que llevo en mi alma y que no me rebase.

Dije SI a cuidar mis espacios de cuidado del cuerpo, y by pasearme a la pretenciosa. De ponerme el casco ridículo de ciclista, mojar la blusa, jadear por necesidad de oxígeno.

Si, a mis amigas del alma… en presencia, por chat, skype, por teléfono… por mensajitos… cualquiera el medio… PRESENTE.!

Digo NO a las transgresiones de trato o de silencios que me ha tocado vivir en los últimos días. Si eso significa perder relaciones, así será. Digo SI a mi dignidad como mujer, como abuela, como suegra, como pareja.

Digo SI al baile, SI a tener un cuerpo flexible y liviano. SI, a andar con menos equipaje. NO a guardar la ropa que no uso, papers que no leo hace 10 años!!

NO a fumar mas de la cuenta, NO a comer lo que me daña.

Comienzo un año conectada conmigo… y con los seres que quiero… desde el amor sano y nutritivo.

Bienvenido 2012!!!