miércoles, 16 de abril de 2014

La profundidad de lo simple: Coaching 2014


“EL coaching ontológico es muy difícil”, “ ¿como ver la profundidad de ese ser?”, “Será que yo puedo aprender a hacer lo que los coaches que conozco hacen?

Son algunas de las reflexiones y preguntas que se hacen los alumnos de nuestra escuela cuando dan sus primeros pasos en su formación como coaches.



Lo primero que me surge es preguntarme… y será tan complejo? Somos tan complejos los seres humanos que nos cuesta tanto llegar a su alma? Ayer observando a un par de alumnos aprendices haciendo sus primeras prácticas en este arte, me sorprendí de ver como cada uno tocó el alma de sus compañeros manifestado en lágrimas, asombro y sobre todo gratitud.



¿Qué tendrían todos ellos en común para que eso pasara?  Qué ingredientes tendría este “pastel” tan exquisito y fresco?. Media taza de inocencia,  2 cucharadas de curiosidad, una pisca de irreverencia, acompañada de un palito de gentileza. Y no olvidaron el jugo de conexión, que le dio sustancia y flexibilidad a la masa.  Movieron los elementos dándole mucho aire, silencios, pausas. En la unión de todos ellos fue necesario ponerle un chorrito de confianza, que le dio el elemento mágico para su resultado final. El recipiente no fue menor. Tomo la forma de respeto desde la  escucha reverencial.



Los temas fueron bien diversos. Desde un duelo materno en proceso, la represión de la rabia, la soledad, el deber ser, etc.  Cada uno le puso su toque personal, y la transparencia del aprendiz, dado por el legítimo interés por el ser humano que tenían delante. Desde allí indagaron, desde allí apareció el coachee.

Las preguntas vinieron desde el “no saber”, por lo tanto, nada se dio por conocido.



¿Será ese el ingrediente secreto? El indagar desde el legitimo lugar de no saber? Será que desde ahí, aparece el otro? Desde ahí se construye confianza? Conexión?

Desde ese lugar, nada es obvio, incluso esas palabras que compartimos como cultura, como “lata”, “achunchado”, y mas aún,  esas que sabemos su significado  como, “amenaza” , “bloqueo” “ , adjetivos como “significativo”, “maravilloso”, “espantoso” o los superlativos que nos son inocentes.. “extremadamente”, “grandioso”, etc, etc.



La profundidad en la simpleza, eso resultó saliendo del horno. Servido con un rico syrup de compasión.

Sostener o cambiar?: Coaching 2014

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Cambiar, ser diferente, algo hay malo en mi, son algunas de las inquietudes con que llegan los coachees a su primera sesión.  Y en ocasiones, buscando en el  coaching el último recurso, después de haber pasado por terapias psicológicas, psiquiátricas, terapias corporales, teatro… , etc., etc.

No puedo negar que en alguna parte me aparece el ego, que me dice… “aquí si”, “este es tu lugar!!!, pero afortunadamente me dura poco, y a veces no tanto.  Por otra, también tremenda responsabilidad…¿daré la talla? ¿Lo podré “ayudar”?

Con uno de ellos, pasaron 3 sesiones, en el ir y venir de estas conversaciones internas mías. Después de mes y medio de no vernos con vacaciones incluidas, me cuenta de sus  “recaídas” en sus modos habituales de comportarse, de menos duración. Reportando también que no había podido hacer algunas experiencias que le había propuesto para ese período.

Lo primero que me surgió fue, claro, es natural que no avances, si no haces nada por ello. Y acto seguido me surgen otras reflexiones. ¿será que no está listo aún?  ¿qué será aquello que lo hace quedarse en su zona de confort? De confort poco, mas bien territorio conocido.

Se me vienen las palabras de Humberto Maturana, hablando sobre el cambio. ¿será la pregunta correcta de hacerse? ¿qué quiero cambiar? Y qué tal que nos preguntemos ¿qué es aquello que quiero mantener?¿será mas fácil realizar algún aprendizaje desde ahí?

Y aterrizamos la conversación. Literalmente.  Nos sentamos en el suelo, en una mantita de lana chilota. Traje una madeja de cáñamo y fuimos nombrando cada una de las cosas que lo sostienen, que quiere mantener. Fuimos cortando varios hilos. Los tomó con su mano derecha. Cada hilo representaba algo diferente que valoraba de si, que lo sostenía. Eran sus andamios. Aparecieron sus amores, su honestidad,  su capacidad de soñar, su  inteligencia, su ser reflexivo, sorprendiéndose de lo que iba apareciendo, traduciéndose en el brillo de  sus ojos.  


Lo anudó en un extremo, los acarició, como permitiéndose el re-conocerse. Algo que el sabía y que se le había quedado en el olvido.  La experiencia siguió. Trajimos sus sombras,  sus “hoyos negros” como el los tildó, que estaban rondando durante toda la sesión. Lo representamos en su otra mano. Comenzó una larga lista de miedos, rabias, abandonos, oscuridades, inseguridades.  Lo invité a declarar un inicio de esta nueva etapa.  Le dio la bienvenida y como acto de integración, de aceptación de ambos mundos que habita, lo invité a juntar sus manos. Dejando en el medio de ellas ese nudo, que apretaba con mucha fuerza, como queriendo fundirlos.  
Cerramos la sesión ahí, declarando que estaba mas completo y acompañado.

¿Será que para traspasar aquello que queremos “cambiar” necesitamos mirar lo que no queremos cambiar? ¿ lo que nos sostiene?
¿Y desde ahí, aceptar lo que queremos trabajar? ¿Lo que seguirá apareciendo, pero ya acompañado de lo que nos nutre?

Se fue con sus hilos amarrados a su razón y a su corazón!